Mercedes Aguilar


Esto no es un blog, es una mujer
Autora. Mercedes Aguilar

martes, 7 de febrero de 2006

Manchamanteles


¡Ay, mísera de mí! Ay infelice...! ¡Si ustedes supieran lo que he penado en este infame mundo! Tal parece que mi mayor pecado es haber nacido. A todos les molesta mi presencia y en cuanto me establezco en algún sito soy de inmediato desalojada por la fuerza... Más me hubiera valido nacer lagartija, hormiga o rata, de perdida, ¡pero nunca cucaracha! y ya que me convirtieron en insecto ¿por qué no me dieron alas con colorcitos como a las libélulas o luz interior como a las luciérnagas? Digo, algo que hubiera vuelto menos repulsivo mi aspecto, pues debido a él, he tenido que pasar la vida como la muñeca fea, escondida por los rincones oscuros y alimentandome únicamente de los desperdicios. Sí, no se asusten, yo como basura. Dizque porqeu esa es la misión que tienen las cucarachas en esta vida, ¡PATRAÑAS! No nos ha quedado otra, ya que apenas salimos a la uz y ¡zas! recibimos un escobazo o zapatazo, o tortazo, o golpazo mortal, pues. ¿Quien les ha dicho que no nos gusta la alta cocina? ¿los buenos vinos? ¿la buena mesa? Si nos dieran una oportunidad de actuar en sociedad, se los demostraríamos. Como aquella vez que me atreví a salir de mi escondrigo y visitar a Doña Asuncíon de la Riva. Esa experiencia fue como un sueño. Había pasado una noche terrible en casa de Doña Paquita, muerta de frío y con reumas en las piernas. Mi estado de ánimo era fatal. ¡Una cucaracha aplastada por un camión de la ruta 100, no se sentiría peor que yo! Y me dije ¿por qué tengo que vivir en esta casa pobre que ni a desperdicios llega? ¿Sólo porque aquií no tienen dinero para insecticidas? ¡No! ¡Ya basta! Tengo derecho como todos los demás habitantes de este planeta a mejores condiciones de vida. Y dicho lo cual, tomé mis chivas y abandoné para siempre la pocilga de Doña Paquita. Me fuí directamente a una elegante casa de Lomas de Chapultepec y me instalé de inmediato en un rincón de la moderna cocina. ¡Que confort! ¡Que agradable calor! ¡Que aromas! Alguien estaba friendo plátanos machos. No me tomó mucho tiempo descubrir, por los olores, que en esta casa se iba a preparar un delicioso Manchamanteles. ¡Ummmm! ¡Que buen comienzo para la nueva etapa de mi vida! Tímidamente me animé a sacar un poco la cabeza para gozar del espectáculo y así pude admirar cómo Juanita, la cocinera, fréia la carne en aceite dentro de una cazuela y luego la ponía a cocer con la suficiente agua y sal. Por separado, se puso a desvenar los chiles anchos, los medio tostó enla lumbre para no quemarlos (porque amargan) y los puso a remojar. Después los molió con los jitomates cocidos y los puso a freir en manteca. Ya frito esto, le agregó el caldo en el que se coció la carne de puerco. Para sazonar este caldillo molió en el molcajete la sal, el clavo, la canela, los cominos, la pimienta y la cebolla. Mezcló estos ingredientes junto con el azúcar y el orégano y los añadió al cocido. Lo dejó hervir un poco y después incorporó la piña, los plátanos (fritos anteorimente) y la carne, esperando hasta que el caldo tomara consistencia para retirar la cazuela de la lumbre. Me extrañó que no le pusiera camote y chícharos, como otras personas acostumbran, pero eso ya es cuestión de gustos, al igual que preparar este platillo utilizando carne de pollo en lugar de la de puerco. ¿Digaanme ustedes si ante tal muestra del arte culinario de este país, no se me iba a antojar darle una probadita antes que nadie? Armándome de valor de acicalé un poco y en rápida carrera crucé toda la cocina hasta llegar a la mesa sobre la cual Juanita había depositado el delicioso guiso. Trepé por una de las patas y ya entrada en confianza, de plano me eché un clavado dentro del Manchamanteles ¡Mmmmm!! Me supo a gloria el primer bocado. De inmediato recuperé el ánimo y por un instante me sentí flotando entre las nubes. Bueno, literalmente viajaba en el espacio, pues con gran asombro descubrí que me llevaban a la mesa del comedor. Acostada de panza pude gozar durante el trayecto del maravilloso espectáculo de la luz reflejada en los cristales de los candiles. Y ya sobre la mesa mi alma entró en éxtasis. Nunca había visto una mesa tan bien puesta y tan bellamente decorada. El brillo de los cubiertos de plata me dslumbró de tal manera que a mi mente encandilada acudieron presurosas imágenes de cucarachas transparentes de luminosa presencia, acompañadas de cristalinos sonidos del más alá. Un centelleo constante me invitaba a incursionar dentro de este maravilloso mundo de la luz, pero al abandonar mi sitio fue descubierta por una de las invitadas, que aterrorizada me lanzó fuera de la mesa y me estrelló contra la pared. Ahí terminó mi sueño y de nuevo estoy aqui, en la podredumbre, añorando el lisonjero estado en que una vez me vi. Ni hablar, como diría Calderón "La vida es sueño y los sueños, sueños son"

Laura Esquivel en "Intimas suculencias"

2 comentarios:

zhenda dijo...

a mer: mala excusa para dar una receta tan exiquisita... tenía esperanzas en que se me fuera de sopetón la fobia, pero no.

a la protagonista del relato: me han chivado que repugnas el pino y el laurel, curioso que ahora mismo mi casa huele a laurel.

El murmullo de las cucarachas dijo...

No conociamos este relato.... pero es la rehossstiaaaaaaa!!!!..jajajajajaj.

Estas cucarachas rurales..hay que ver como son!!!!!

lo dicho.. buen rato... y el texto y fotos de la cita del chat..tambien no sencanta... y paro de hacer comentariosssss......que te lleno esto de mierdaaaaa de cucarachas...

jejejejejeeje...
ta lueguitoooooooooooooo