Mercedes Aguilar


Esto no es un blog, es una mujer
Autora. Mercedes Aguilar
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lunes, 1 de octubre de 2007

El proyecto (II)

Hacía tiempo que no tenía esa sensación. La primera vez , pasó toda la noche bailando con los ojos cerrados. Hasta ese momento, jamás había sentido la música como parte de otra dimensión. Sus pies no paraban de moverse mecánicamente mientras su alma, enteramente embargada por un sentimiento de admiración, alegría y felicidad, entraba en un estado de unión mística con los ritmos.

Fue un jueves, un jueves de la amistad, como así llamaban a las cada vez más escasas reuniones de amigas de la universidad. Después de tomar un par de gin tonics y a punto de marcar la retirada, una de ellas propuso ir a una fiesta de unos amigos del trabajo.

La fiesta era en una casa del centro, una típica casa señorial de las que ahora quedan pocas, pues la mayoría se han colmenado en pequeños apartamentos con suelo de mármol y pre-instalación de aire acondicionado. Esta era una casa unifamiliar, conservada en su estado original con un precioso patio sevillano en el centro y rodeada de habitaciones todas ellas cerradas, excepto una, donde se podía ver una especie de despacho o salón de recibir más propio de un hotel de lujo que de una casa particular.

Desde que Lucía entró en la casa, se sintió extrañamente sobrecogida, primero por el olor; una curiosa mezcla a dama de noche, humedad y cuero, y al mismo tiempo, por el contraste producido entre el sonido tranquilo de una vieja fuente situada en el centro del patio, y un ritmo lejano de música electrónica, cuyos graves, retumbaban en la puerta de cristal que daba paso a la escalera.

Alguien les había abierto la cancela desde arriba y guiadas por la música subieron hasta llegar a una habitación llena de gente. Era un espectacular salón, presidido por una enorme chimenea, encima de la cual, un gran bisonte disecado les dio la bienvenida. Lucía miró a su alrededor, todos allí parecía muy contentos, gente guapa, que reían y bailaban. Le llamó la atención dos chicas, muy jovencitas, no pasarán de los 20 pensó, las dos con pelo largo y brillante sin una gota de maquillaje, que sentadas en un gran sofá, hablaban mientras una de ellas acariciaba suavemente el pelo de la otra. Una mezcla de cariño, sensualidad y erotismo que nuevamente le hizo sobrecogerse. A su lado, un joven de pelo largo rellenaba concentradamente un crucigrama ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor.

Un chico rubio, con una sonrisa clónica al resto del grupo, se acercó

Hola soy Alex, anda, pasar ¿queréis tomar algo? Dijo mientras se daba la vuelta dirigiéndose a un improvisado mueble bar.
Las dos amigas siguieron a Alex a través de la gente mientras Lucía tras un breve estudio del grupo se sentía la más veterana de la fiesta.

II

¿Es suyo este guante ?
Tras meter las pastillas apresuradamente en el bolso miró con curiosidad a su interlocutor. Su voz le resultaba familiar

Lo encontré en el baño y pensé que a lo mejor había vuelto a recuperarlo….
No, lo siento, dijo Lucía
¿Por qué lo sentía? Pensó. Verdaderamente todavía andaba un poquito espesa, su mente vagaba aquí y allá al mismo tiempo que sus nervios se tensaban en estado de alerta pues la tormenta parecía empeorar.

(....)

lunes, 20 de agosto de 2007

El proyecto (I)

En el avión que le conducía de vuelta a España reinaba una oscuridad tachonada por unas pocas luciérnagas lectoras. Gente con cascos y cubierta por finas mantas se acurrucaba buscando una comodidad imposible.

Lucía abrió el Kit TWA del buen viajero transoceánico y se puso los patucos y los antifaces para dormir. Casi sin querer sus pensamientos remolonearon con Oscar, el trajín neoyorquino y el downtown de Manhattan con su fantasía de metales pesados y cristales transparentes. Cruzar el puente de Brooklyn andando tiene algo de majestuoso, recordaba, uno se siente casi suspendido en el aire, casi en un sueño, una especie de alfombra roja hecha de tablas de madera por encima de los coches con vistas panorámicas. Tras un rato tuvo la extraña sensación de que el tiempo transcurría más deprisa con los ojos cerrados. Una vez, de niña, Lucía pensó en pasar tres meses con los ojos vendados. Quería saber que se sentía al ser ciega. Saber si sus otros sentidos se agudizarían. Saber. Cuando le planteó a su madre la necesidad ineludible de este experimento y de que ella la cuidara mientras tanto, su respuesta fue lacónica - Niña - sentenció - tu eres tonta. Se sintió una artista incomprendida.


Lucía ahora era artista, pero el trabajo que hacía no tenía nada que ver con la creación de objetos comúnmente definidos como arte. Ella en sí constituía la obra, una "arte-artista" Una obra "ready made" humana y mutante a merced de caprichosos y excentricos mecenas multimillonarios.


De repente le asaltó una duda. ¿Qué aspecto tendré con mis antifaces de tela? Se los quitó y se giró para ver a su vecina de asiento con los suyos puestos. Dios mío, parecía un cruce entre Zsa-Zsa Gabor y Groucho Marx. Lucía optó por su libro y se sumó con desgana a la vigilia de las luciérnagas. Pero no se daban las condiciones adecuadas para que el Tao salga de un libro y cambie tu vida por completo. Sintió una fuerte vibración ¿La superconciencia? No... era el Jumbo entrando en un banco de nubes violeta...


Tras quitarse el cinturón se tambaleó por el pasillo hacia los servicios del fondo. Esquivó a un auxiliar de vuelo y cuando pasaba por el área de catering chocó frontalmente con alguien que salía de allí. Un puñado de pastillas rosas se desperdigaron por el suelo de moqueta.


Lucía miró desconcertada, primero al suelo y después a la azafata que hacia equilibrios con la bandeja.

-Lo siento, se excusó, por poco lo tiro todo.

La azafata, tras una sonrisa de soncosasquepasan, siguió su camino y Lucía se apresuró a recoger las pastillas mientras un sabor metálico le inundaba el paladar.



(continuará)