También se la conoce como “Sentimiento cansado”, es un defecto o vicio de los sentimientos que consiste en la putrefacción de nuestra fe por envenenamiento severo con juicios falsos por engaño de los sentidos, (Ilusiones ¡bah!). En un amago de creer que alguien pueda conmovernos, se alteran los músculos de la adaptación y aquella persona que intenta acercarse, es vista con dificultad en las distancias cortas y no saben, lo bien vistos que son cuando se alejan. Sí, cuanto más lejos mejor. Las causas pueden ser varias, un engaño sostenido y negado por nosotros; un engaño sostenido y descubierto por nosotros; un sostenido que nos engañó negándonos; una negación que nos engañó sosteniéndonos. Con el paso de los años, se reduce la capacidad de asombro al comprobar que todo es más de lo mismo y en la distancia muero dia a dia sin saberlo tú (dice Roberto Carlos, pero no se murió nada porque sigue cantando lo mismo hace como treinta años), así que mortal esta ¿enfermedad? parece que no es. La presbicia emocional comienza a manifestarse entre los 40 y los 45 años, pero no os confieis amiguitos, que nunca falta algún desubicado/a mas joven que también puede cargar con todos los síntomas. (Y ya por alusiones, os dejo con el mencionado y su canción, que formó parte de la banda sonora de mi adolescencia temprana mientras esperaba impaciente que empezara la peli de turno en el cine de verano en Chipiona...que tiempos... y yo cantandola tan ajena)
Recuerdo cuando mi madre me contaba que el Jueves y el Viernes Santo era pecado trabajar. Incluso el hacer punto solo estaba permitido por entretenimiento, pero no por producción y si lo hacían, tenían que deshacer lo tricotado.Yo hoy no he comido carne pero llevo toda la Semana Santa enchufada trabajando. Espero que Dios me perdone.
AGAINonomatopeya más certera que hay que escribir para contar como una misma se pliega y se despliega para ir transformándose cual origami en plena metamorfosis mundana de planos y relieves. Probablemente sea eso, la dicotomía de querer ir para adelante, pero de la mano de lo que quedó detrás. Recuerdos. Tire y afloje. Me pasa, no lo busco. Dicen que sí… que no puedo vivir sin el conflicto en las venas. Crisis - Revolución – Cambio – Bienestar. Es que todo vuelve, siempre, pero renovado y fresco para volver a ser, para ser más, algo nuevo. Eso si con tremendas agujetas de tanto contorsionismo. Ay ay ayyy que no puedo ni andar!!!
Tengo una cucaracha instalada en la nevera de mi ordenador. De vez en cuando, me insinúa que la lleve a pasear por el sol de Sevilla, que necesita airearse. Calor humano en sus manos, que ya no aguanta al ratón. Tan frío, tan director, tan aerodinámico y manipulador.
Y de repente se apagó mi primavera. Como un tsunami que te azota cuando menos te lo esperas. Y lo negro. Y el abismo. Y la desesperación a la orilla de la locura suicida.
Lo escribí hace ya casi diez años y siempre he tenido ganas de hacer un vídeo con el. Este puente de Andalucía, me acordé y dije: ¡anda Lucía! y me inspiré.
Lo vi pasar sin pena aunque no me fijé bien si gloria iba con ella. Muchas veces van juntos pero nadie es indispensable en esta vida. El caso es que pasó. Pasó como pasan los pajaritos por las cabezas, con cierto soniquete cantarín (ñam) pero sin dejar mas rastro ni huella. O mejor, como la efímera efeméride de la sorpresa de un Kinder (por no hablar del chocolate).
"Y todo lo vivido parece un espejismo, y todo lo querido se rinde ante el ocaso, y todo lo perdido en el fondo del abismo da cuenta de un fracaso"
No vamos a buscar culpables y que todo quede como fue.
Por algunas campanadas no me dan las doce (del medio día), y aunque casi pierdo los pies, regresé con mis dos zapatos,peeero sin mi Iphone personal, móvil del trabajo, llaves de la casa, de la ofi, del coche y de la moto, documentación referente a mi persona y mi capacidad de circular mecánicamente , gafas de sol, pinturitas nuevas y otras chuches. Ruego a todos los príncipes azules, morados o violetas jueguen a vivir del cuento por un día y se entretengan en encajar llaves en cerraduras hasta el ábrete sésamo de mi corazón y la alegría que esa noche me robaron unos cuarenta ladrones convirtiendo mi coche en triste calabaza. Príncipe o cerrajero me vale.